La fibra (alimentaria o dietética) es la parte del alimento de origen vegetal que no puede ser digerida por el organismo. Por lo tanto, no aporta calorías, aunque constituye un elemento fundamental en el proceso nutritivo.

La evidencia actual demuestra que una alimentación rica en fibra protege frente a numerosas enfermedades como estreñimiento, síndrome del intestino irritable, diabetes tipo 2, hemorroides, hipercolesterolemia, enfermedad cardiovascular, diverticulosis, obesidad, etc. Según la American Dietetic Association, se recomienda ingerir diariamente de 20 a 35 g de fibra.

¿Qué tipos de fibra exiten?

Desde el punto de vista nutricional, la fibra se clasifica según su capacidad de absorber agua en: soluble e insoluble.

  • Fibra soluble. Las fuentes de la soluble son las frutas, las legumbres y los vegetales. Esta fibra se caracteriza por ser fermentada por la microflora del colon. También se distingue por ser soluble en agua y por formar geles viscosos en el intestino. Desde el punto de vista fisiológico intestinal, esta fibra mejora el tránsito intestinal y la evacuación.  Además, su consumo en cantidades elevadas ha demostrado en estudios epidemiológicos una reducción del riesgo de enfermedad coronaria en hombres y mujeres. Su consumo ha demostrado disminuir los niveles en sangre de colesterol LDL.

  • Fibra insoluble. Las fuentes de la insoluble son los cereales, las legumbres y los vegetales. Esta fibra apenas es fermentada por las enzimas del tracto gastrointestinal, por lo cual llega intacta al colon. Gracias a ello, esta fibra aumenta el peso de las heces estimulando la velocidad de evacuación intestinal.