Retomamos hoy nuestro peculiar recorrido a través del cual os contamos cómo ir al baño en la historia era un asunto bien diferente de lo que es hoy. Nos habíamos quedado en el siglo XVI, con un panorama más bien desolador, en los que ir al baño y la higiene en general se veían seriamente afectadas por las supersticiones, los malos hábitos y la falta de infraestructuras adecuadas.

En determinadas ciudades –hay notables escritos por ejemplo de la villa de Madrid- los residuos se secaban y mezclaban con la arena del pavimento -tampoco había alcantarillado-, mientras que la higiene corporal se descuidaba hasta extremos intolerables, al considerarse perjudicial bañarse, estimulada por el auge de una concepción más puritana del cuerpo humano. Parece ser que el rechazo al agua no era cuestión de clase social. Según el francés Georges Vigarello, autor d

Los primeros perfumes datan del siglo XVIII
Los primeros perfumes datan del siglo XVIII

Lo limpio y lo sucio, en rey Luis XIV, sólo se bañaba por prescripción médica, siendo un par de veces al año la media de baños en su corte -como contraposición, el perfume se inventa en esta época- . Y es que entre la profesión médica era común la creencia que el agua, sobre todo caliente, debilitaba los órganos y era transmisora de infinidad de males. Incluso imperaba la idea de que una capa de suciedad protegía contra las enfermedades, por lo que era recomendable que las personas se “aseasen” en seco. No es de extrañar que en esta época se propagara la sífilis o la peste.

Afortunadamente, esta absurda “celebración” de la mugre se acabó con la llegada de los avances científicos y las ideas ilustradas del siglo XVIII. Poco a poco volvieron a instalarse letrinas colectivas en las casas, mientras se prohibían por ley las costumbres más brutas, como desechar los excrementos por la ventana, solicitando a los ciudadanos que la basura se depositase en los espacios asignados.

En 1774, el sueco Karl Wilhehm Scheele descubrió el cloro, que junto con una solucion de sodio dio paso a la lavandina, uno de los primeros desinfectantes.

Scheele, inventor del cloro, clave para la evolución de la higiene
Scheele, inventor del cloro, clave para la evolución de la higiene

En el siglo XIX se completaron muchos de estos avances con el desarrollo del urbanismo, que posibilitó establecer mecanismos que eliminaban las aguas residuales en las nuevas construcciones. Por fin, las tuberías y los retretes se extendieron por toda Europa, y mientras la ciencia iba descubriendo que las bacterias eran las responsables de las infecciones, medidas tan sencillas como lavarse las manos y practicar el aseo diario con agua y jabón se iban promoviendo.

En breve, el último capítulo, en el que avanzaremos a la edad contemporánea y las evoluciones más modernas relativas a la más íntima de nuestras costumbres.