Según la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA) y el Foro de Regulación Intestinal, estrés y estreñimiento son dos síntomas estrechamente relacionados. Los estados de estrés suelen ir acompañados de una serie de circunstancias que afectan al correcto funcionamiento del tránsito intestinal, y viceversa.

Por norma general, el estrés en adultos se debe a cuestiones laborales. Las situaciones agobiantes suelen repercutir en el movimiento del intestino, debido a una reducción del aporte sanguíneo al tracto intestinal. En consecuencia, los movimientos se producen más despacio y favorece la aparición del estreñimiento.

Además del factor psicológico, los hábitos alimenticios suelen verse afectados por las situaciones de estrés. Según un estudio realizado por la Universidad de Washington y publicado por la revista Preventing Chronic Disease, los trabajadores que padecen estrés  suelen consumir más comida rápida, se alimentan en malas condiciones (muchos lo hacen mientras trabajan, o mientras se desplazan de un lugar a otro), realizan menos actividad física, no consumen la cantidad suficiente de frutas y verduras y por norma general mantienen un estilo de vida sedentario.

El estrés suele desembocar en un aumento en el consumo de grasas saturadas (de forma desordenada y a deshoras), y en la reducción de la cantidad de agua y fibra que incluimos en la dieta, quedando éstas por debajo del mínimo recomendado. Por otra parte, la escasez de tiempo libre es otro inconveniente para encontrar un momento oportuno para ir al baño. Se retrasa la defecación y se produce una alteración de la funcionalidad intestinal.

Afortunadamente, la solución a estos malos hábitos es relativamente sencilla. Es conveniente realizar ejercicio físico para favorecer el movimiento del intestino y mejorar el funcionamiento del metabolismo, comer dos porciones de fruta y verdura al día para aumentar el consumo de fibra, hidratarse adecuadamente, conceder a nuestro aparato digestivo unos pocos minutos al día para respetar el reflejo defecatorio y acostumbrarlo a ir al baño cuando sienta la necesidad.

Aparte de lo anteriormente comentado, el estreñimiento favorece el aumento de los síntomas psicológicos relacionados con el estrés. A su vez, estos síntomas, provocan alteraciones en el funcionamiento del aparato digestivo y aumentan el riesgo de padecer estreñimiento. Como hemos dicho, es la pescadilla que se muerde la cola.

Así que, si os veis encerrados en el círculo vicioso del estreñimiento, podéis solucionarlo por dos vías: o bien intentáis “relajar” el ritmo de vida, o bien podéis implementar costumbres para mejorar el funcionamiento del metabolismo en general, y del aparato digestivo en particular. Pero estad tranquilos, porque lo hagáis como lo hagáis, unos sencillos cambios pueden bastar para mejorar sensiblemente el problema.

¡Un saludo a todos, que tengáis una buena semana y nos vemos por el blog!