Se acerca Halloween, y en nuestro blog os hemos preparado dos historias para no dormir… ¡y no acercarse al baño!

I.- Nueva York, ciudad de cocodrilos

Es una leyenda urbana muy popular: las alcantarillas de la ciudad de Nueva York son el tenebroso lugar donde, entre otros singulares moradores, habitan cocodrilos. Y a algunos les gusta trepar hasta las tazas del váter de las casas. Obviamente estamos ante un “bulo”. Pero sí existe un trasfondo histórico.

El alcantarillado de NYC lo forman 10.500 kilómetros de canalizaciones, con cañerías que van de los 10 centímetros a conducciones gigantescas. Parece ser que en la década de los 30 del pasado siglo, entre las familias ricas, se puso de moda comprar crías de caimán como mascotas para sus hijos (compradas en Florida, entonces destino vacacional por excelencia de las clases altas). A medida que éstas crecían, su peligrosidad (y coste económico) iba en claro aumento. ¿Solución? Arrojarlas al inodoro. Curiosamente, en El Mundo bajo la ciudad, libro de Robert Daley publicado en 1959, hay un capítulo, Los caimanes en las cloacas, donde se entrevista a un tal Eduard P. Mayo, responsable del alcantarillado en aquella época. Mayo asegura que caimanes de hasta sesenta centímetros habitaron las alcantarillas hasta 1937, cuando fueron exterminados. Hechos anticipados por el columnista del New York Times Meyer Berger dos años antes.

A partir de aquí, la creencia popular aseguraba la supervivencia y reproducción de muchas de estas criaturas en el subsuelo. Dadas las condiciones de escasa o nula luz, se habla de saurios que mutaron, quedándose ciegos y perdiendo su pigmentación. De ahí que la leyenda hable de caimanes albinos. Las historias sobre las muertes de algunos indigentes que vivían en las alcantarillas, así como algún operario municipal abundan. Así como el todavía más increíble relato de que algunas de estas criaturas, mucho más intrépidas y aventureras (más pequeñas también, claro) daban sustos de muerte a pobres ciudadanos mientras hacían tranquilamente sus necesidades. Para no ir más al baño. Puro Halloween.

Parece muy improbable que un cocodrilo, animal de clima tropical, sobreviviera a las temperaturas bajo cero del invierno neoyorquino. Ni a las bacterias. Pero así son las leyendas…

II.- Hanako-San, el espíritu del baño

Pura leyenda al estilo del terror (tiene película y videojuego) que se estila en el país del sol naciente, Hanako-San es una niña fantasma de pelo negro y lacio, con la clásica falda roja de colegial, que acecha en los baños de las escuelas japonesas. Se dice que su mirada hiela la sangre y que una vez te la encuentres, permanecerá en tus pesadillas durante toda tu vida. Suele habitar en el tercer o cuarto cubículo de los baños (el número 4 es un número con un componente siniestro en Japón, dada su semejanza fonética con la palabra ‘shi’, muerte), generalmente en los baños de chicas, preferiblemente los más descuidados.

Como buena creencia popular, algunos sitúan el origen de la historia de la niña fantasma en la Segunda Guerra Mundial. Hanako-San jugaba al escondite cuando su escuela fue bombardeada. Ella se escondió en el baño, donde murió. En cambio, otros hablan de la década de los ochenta, habiendo sido víctima, dependiendo de la versión, de un padre abusivo, enajenado y terriblemente violento; de un desafortunado accidente cayendo por la ventana del baño; o en manos de un psicópata que le dio muerte a hachazos. Otros cuentan que fue un suicidio ante la presión social en torno al colegio y las buenas notas.

Al ser un “fantasma escolar” existen múltiples versiones, a cuál más aterradora, dependiendo de la escuela y la zona del país. Por ejemplo, en algunos lugares se vincula su aparición a las malas notas o a la falta de higiene, por lo que se utiliza como acicate siniestro para motivar que el alumno se esmere en la escuela. En otras, Hanako no es una niña sino un demonio con cabeza de lagarto y voz de niña, para engañar a los incautos. Igualmente truculenta es la superstición de que, si te hieres o raspas la rodilla en el patio de la escuela te saldrá el llamado “Hongo Hanako”, una mancha blanquecina transmitida por el espíritu.

¿Qué niño va a querer ir al baño en el colegio con semejante historia?